Otra vez año nuevo, cómo pasa el tiempo

Hace muchos años me torturó un día de repente la pregunta qué es el tiempo. Aunque era joven, la desazón fue muy intensa. Recuerdo nítidamente dónde estaba: era un bar en la calle Hilarión Eslava. Era navidad del 84 más o menos y yo estaba con Perico, que no entendió muy bien la angustia que sentía. Acababa de pasar la Nochebuena en el guardarropa de un garito colgando abrigos, mi primer trabajo remunerado. El tiempo particular no es otra cosa que la misma vida, que se consume a medida que avanza. Cuando yo muera, el tiempo seguirá existiendo para los demás, pero no para mí.

Si quiero estar presentable, cuidar mi salud, limpiar mi casa, trabajar, conservar a mis amigos, cuidar a mi familia tengo que dedicar tiempo, vida, a todo eso. Quiero formarme, crear, hacer cosas, y tengo poco tiempo.

Está de moda algo que llaman gestión del tiempo. Busco en Google, el primer resultado es un enlace a infinidad de libros en Amazon, el segundo me lleva al blog de un publicista que analiza una serie de apps para mejorar la productividad y no procrastinar. De aquí voy a un enlace titulado 9 Herramientas sencillas y potentes para diseñar sin ser diseñador .  Como sospechaba, hay motivos para que yo ya no trabaje más como diseñadora, herramientas sencillas y potentes. Me equivoqué de oficio, ya cualquiera escribe, ya cualquiera diseña. El diseño y la escritura han perdido valor. Perdí el tiempo.

Veo que quien escribe ese blog no es un publicista, sino la community manager de la agencia, @yanirablaya . La seguiré, cuando entre en Twitter. Me he propuesto seriamente para el próximo año no hacer scroll en las redes entre semana, sólo los viernes y los sábados por la noche. Eso después de descargar las primeras páginas de un libro de Jaron Lanier titulado 10 razones para borrar tus redes sociales de inmediato que me gustaría leer. No voy a borrar mis redes. Ya borré de Facebook a todas las personas con las que no tenía una relación presencial, de modo que lo uso como listín telefónico. Me da igual que las redes me manipulen un poco, pero no me da igual que me roben mi tiempo.

Esto que acabo de decir me recuerda la historia de Momo, de Michael Ende, y a los hombres grises, ladrones de tiempo. La han llevado al teatro y está en cartel en el Conde Duque. Qué buena historia, Momo, “…de todo el tiempo que ahorraba, no le quedaba nunca nada. Ayer estuve con Jose y Mario en el Conde Duque viendo un divertidísimo teatro de autómatas y exposiciones fascinantes sobre la hemeroteca municipal, Madrid en el arte de los 80 y el despacho de Gómez de la Serna. Tengo la sensación de que hay en Madrid un resurgimiento cultural últimamente.

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Señoras de la limpieza que escriben

Manual para señoras de la limpieza es uno de los relatos que da título al libro de Lucia Berlin que se está vendiendo tan bién, pero es tan solo un relato corto de los que conforman el volúmen. Lucia Brown, sin acento, americana nacida en 1936 y fallecida en 2004, se casó tres veces y tuvo cuatro hijos. Fue guapa, alcoholica, hija de una alcoholica suicida, mujer de artistas y músicos, su vida dio tumbos economicos que la llevaron a ejercer oficios variopintos. Fue escritora y profesora en la universidad, pero también fue auxiliar de enfermería y señora de la limpieza. Sus relatos están muy conectados con su vida, como los relatos de todos los escritores, pero en este caso de modo muy explícito. Su escritura bebe de la realidad, y se nota. Su realidad cuando era señora de la limpieza fue que  acababa de enviudar y tenía cuatro hijos que mantener. Tuvo que limpiar casas por horas, y vivir ese mundo de mujeres de la limpieza que comparten confidencias sobre sus señoras en la parada del autobús. Se muestran lo que han robado, o lo que les han regalado sus señoras. La escritura de Lucía es genial, natural, expontánea, alucinante. Da unos consejos muy constructivos a las señoras de la limpieza que interrumpen el relato entre paréntesis, como no trabajar para amigas, robar sólo cosas poco importantes para su dueña, aceptar todo lo que te regale aunque luego lo deseches, fijarte dónde están las cosas de valor para indicárselo a la dueña cuando pregunte, dejar los muebles mal colocados para que se note que has limpiado debajo… Lucia cuenta que le cuesta encontrar trabajo por ser instruida. Lucia acaba de enviudar: La frase final del cuento es contundente.

Es un libro que se lee muy bien, porque los relatos son independientes. No necesitas mucho tiempo para leer porque son textos cortos, empiezan y terminan. Seguramente se leen tal como fueron escritos, a ratos. Imagino a la escritora sin tiempo ni sosiego para sumergirse en una novela larga estructurada.

Estoy en uno de esos momentos en los que aceptaría trabajar por horas en el cuidado de casas y personas, no solo porque el trabajo de lo mío está fatal, sino porque se trata un trabajo telúrico, auténtico, proveedor de historias que son pura vida. Por eso me interesó el libro y pedí que me lo regalaran esta Navidad. Ayer vi una película, Cama adentro, que cuenta la relación de una señora venida a menos y su mucama. En la película resulta ser más débil y vulnerable la señora que la criada. En el libro de Berlin también hay una señora con problemas mentales y de soledad que también le da pena.

Cuando trabajaba y tenía los niños más pequeños empleé a varias señoras para que atendieran mi casa. Ahora son mis amigas en las redes sociales y las sigo. Es muy sorprendente cómo mujeres que apenas sabían escribir una nota en la nevera ahora se comunican con el mundo salvando completamente su brecha cultural. Publican fotos, vídeos, comparten chistes, memes e informaciones. Son capaces de construir su propia identidad sin haber superado siquiera la educación primaria. Eso me parece muy bien, aunque me parecería mejor si la construcción de su identidad no obviara su empleo. No hablan de su trabajo, como Lucia, sino de lo que hacen cuando lo dejan atrás.

 

 

Feliz 17

Cada año empiezo un diario el dos de enero. Suelo tener una necesidad de redefinirme que se esfuma hacia mitad de mes, más o menos. Esto me ocurría mucho en la adolescencia, qué pena que no guardé los escritos. Ha vuelto a ocurrirme en la segunda adolescencia, de adolecer, de doler, que he pasado entre los 40 y los 50.
Me encuentro mejor que en el inicio de 2016, y más o menos en la misma situación que en enero de 2015. Indefinida.
Normalmente es el trabajo lo que nos define. A qué te dedicas es lo que preguntamos y nos preguntan cuando nos desconocemos.
Cuido a niños de mi familia, a veces a mujeres mayores, mi madre, mi tía. Cuido a mis propios hijos, tres, que son mayores, y también a mi marido. En resumen, soy cuidadora.
Es mejor mirar hacia adelante. Partir del presente e imaginar un futuro. Prefiero no definirme por el pasado.
Mis propósitos para 2017 incluyen beber más agua, perder más peso, estudiar, leer, escribir, hacer ejercicio… En resumen, cuidar a la cuidadora.
Me gustaría tener más dinero. Lo gastaría en reformar mi casa, un par de implantes y un blanqueamiento dental, salón de belleza, en libros, en viajes y en donativos solidarios.
Todo lo que estoy dibujando sobre lo que soy no se parece en nada a lo que soñaba ser. Pude haber sido una artista, música, pintora, escritora, periodista, chef, pero no he querido  hacerlo, no he tenido la voluntad o el tesón necesarios. Acepto serenamente lo que soy, y a partir de aquí, busco nuevos sueños por los que seguir viviendo.

Diseño de revistas. Actualidad Económica 1998-2001

El rediseño de Actualidad Económica fue una gran oportunidad para mí, aún teniendo en cuenta lo de siempre, que el diseño ha de convencer a quien hace el encargo. Un «dale otra vuelta» de la directora o el director condiciona todas tus propuestas futuras hacia algo bastante diferente de lo que tienes en mente. Así, se dice, que un artista dibuja un caballo, y dos un dromedario. Aquí éramos más de dos. Pero en eso consiste también nuestro trabajo, en tratar de convencer con nuestros puntos de vista. Fue un gran aprendizaje.

Trabajábamos mucho, fue una época de vacas gordas en publicidad, y había que preparar muchos productos, que siendo diferentes de la revista, tuvieran su mismo aire. Ese fue el argumento para que me dieran el Premio ARI (Asociación de Revistas de Información), Diseñadora del año (2000)

invertir

especialesae

puntocom

 

Decía Manuel Estrada que los creativos tienen una bolsa de canicas, y las van sacando en cada proceso. También decía este diseñador que el trabajo más importante del creativo es pelear la propuesta.  Incluso cuando hago lo que quiero, sin jefes ni clientes, me dejó influenciar por lo que anteriormente fue rechazado.

Anteriormente había estado en Prisa, en la antigua Progresa (Promotora General de Revistas), como jefa de maquetación de revistas por encargo, como la revista de abonados de Canal+, que entonces imprimía más de un millón de ejemplares. Allí había tenido la oportunidad de trabajar bajo la dirección de grandes diseñadores como Mario Eskenazi o Fernando Gutiérrez. Gente de una sensibilidad extraordinaria.

canalsatelite

Este fue mi primer diseño original. Creo que no ha envejecido mal. Recuerdo que la primera vez que perdí el empleo me costó encontrar trabajos de los que sentirme orgullosa, pues una siempre trataba de contentar al máximo de gente posible.